El blog del curso de verano "El cómic: Lenguaje, historia y crítica" de la Sede Universitaria de Villena

lunes, 21 de julio de 2014

Reseñas del alumnado (I): Aliens vs. Predator

Título original: Aliens vs. Predator
Autores: Randy Stradley (guion) / Phill Norwood & Chris Warner (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Año: 1992
Formato: Miniserie de 5 núms.
36 págs. c/u. - 225 ptas. c/u. 


Encuentro un tanto curioso cómo dos criaturas que poco, o nada, tienen en común, resulten un emparejamiento tan obvio que cueste creer que no nacieran así. Por un lado tenemos al Alien, conocido también como xenomorfo, una criatura temible, implacable, dotada tanto de las más despiadadas armas naturales que una bestia puede poseer, como de las que físicamente sería imposible poseer. Un ser atroz diseñado por el genial H. R. Giger y tan bien llevado al cine por varios directores, destacando por encima a los no menos geniales Ridley Scott y James Cameron. Del otro lado tenemos al conocido como depredador o Yautja, el temible cazador tribal alienígena que dotado de la más avanzada tecnología para la caza y de un desmesurado sentido del honor, colecciona trofeos de las más peligrosas especies con las que se encuentre a lo largo y ancho de la galaxia. Creado el concepto por Jim y John Thomas (no entraré en lo ridículo que me parece su diseño), fue el maestro Stan Winston el que dotó a este ser de una apariencia antropomórfica, pero terriblemente amenazante.

El guionista Randy Stradley acertó de pleno ubicando este crossover en lo que podría entenderse como el mismo universo y tiempo en el que transcurren las dos primeras películas de Alien, dejando a los dibujantes Phill Norwood y Chris Warner (sobre todo al primero) cargar con casi todo el peso del arte conceptual de la obra. El resultado, en parte gracias a Ridley Scott y James Cameron, es la fusión de camisas y peinados ochenteros con naves espaciales, de ordenadores de pantalla monocromo y motos voladoras, de la idea de colonizar otros mundos y abastecerte con naves que bien podrían entenderse como tráilers espaciales. Sencillamente, lo encuentro genial. Lejos de la abominación que supuso para este crossover la ambientación de las dos versiones cinematográficas. Cualquiera podría pensar que no necesariamente estamos en la misma época y tiempo que las dos primeras películas de Alien, pero ciertos detalles, como un parche de los marines coloniales en el hombro de alguien, o la visión de una Smart Gun en un momento dado, me hacen creer que sí.


La historia nos lleva al planeta Ryushi, donde la corporación Chigusa ha establecido una colonia ranchera de rinz (unos animales entre vacas y triceratops aptos para consumo humano). Tras varios años allí, los 115 colonos aguardan la llegada de el carguero El Lector, que se encargará de trasladar los animales. Poco puede imaginarse nadie que Ryushi es uno de tantos planetas utilizados por los Predators como campo de entrenamiento para nuevos guerreros.

Estando en posesión de una reina xenomorfa, los maestros yautja envían un vehículo no tripulado para “sembrar” de huevos de atrapacaras la superficie de Ryushi, y aquí es donde encuentro otra genialidad de esta obra. En el cine hubo que esperar hasta Alien 3 para saber con certeza que el xenomorfo emergente de una criatura “fecundada” por un atrapacaras toma ciertos aspectos y habilidades de la criatura en cuestión (como un perro en el caso de Alien 3). Randy Stradley ya imaginó esto varios años antes.


Con un planeta plagado de esas vacas espaciales llamadas rinz, la intención de los maestros cazadores no era otra que la de enfrentar a sus pupilos a unos xenomorfos tremendamente fuertes y absolutamente torpes. La cosa no resultó así. Como parece que los humanos tenemos por costumbre complicarlo todo, no basta con una batalla campal entre alienígenas temibles rodeando una colonia de granjeros casi desarmada; había que buscar otro enemigo más en casa, en este caso, el jefe ranchero Ackland, que advirtiendo la presencia de un cadáver de atrapacaras y temiendo, sin saber qué era esa criatura, que los rinz pudieran estar contaminados de algo desconocido, hace caso omiso de las normas (solo quería cobrar) y carga al ganado en El Lector, dando lugar así a la creación de un nido xenomorfo justo en el centro de una colonia humana que no tarda en infectarse, de tal manera, que los inexpertos cazadores jóvenes, dispuestos a medirse con bestias fuertes y torpes, acaban frente a frente el xenomorfo más temible de todos, el que nace de algo capaz de pensar todo tipo de estrategias y de llevarlas a cabo con muy mala sombra si es preciso... Lo que viene siendo un humano.

En el centro de todo tenemos a los supervivientes colonos, dirigidos por la directora Machiko Noguchi, encargada de narrar toda la historia en primera persona (recurrente a la par que brillante, adoro el momento en el que describe cómo uno de esos guerreros no consigue separar la línea de la valentía y la estupidez y lucha contra varios xenomorfos consiguiendo una gloriosa e inútil muerte, o su no menos monumental frase: “la invisibilidad de poco sirve contra los seres que no tienen ojos”) con un aliado muy particular, el guerrero del colmillo roto, un cazador dado por muerto por sus compañeros pero salvado y cuidado por la doctora Miriam, de la colonia humana.


Como he dicho antes, dos son los dibujantes que nos brindan esta obra: Phill Norwood, quien llevó el mayor peso de los diseños; y Chris Warner, quien también estuvo muy implicado en el arte conceptual y que tuvo a bien intentar que sus páginas no cambiaran demasiado el estilo de las de Norwood, en mi opinión, consiguiéndolo.

Ya he hablado antes de motos voladoras y estética ochentera, pero no he nombrado nada acerca de los diseños de los alienígenas. Scott y Cameron no dejaron mucho más que sacar de los xenomorfos, pero los predators eran harina de otro costal. El filme solo deja claro que tras dejarlo caer de una nave, el cazador muestra su tecnología de camuflaje y armas, así como su mala leche, pero no nos deja claro nada acerca de su cultura, de sus ropas, de los interiores de sus naves... Es muy fácil ver un combate a puñetazos entre dos jóvenes cazadores en un círculo formado por un público de yautjas, pero nadie se para a pensar en el diseño de los taparrabos de los púgiles, de los mantos de los maestros, de los fondos de alrededor... Y cuando no hay referencias previas, crear todo eso y que resulte coherente no es fácil. En los comentarios que se incluyen en las páginas finales se puede leer cómo Norwood, a modo de broma (o no) critica a Stradley que es muy fácil escribir que dos predators se pelean para ver cuál es más fuerte, o que Machiko desenfunda su arma montada sobre su moto voladora, pero que todo, hasta la funda del arma, hay que diseñarlo desde cero.


Por eso quiero reseñar, abusando del siguiente término, lo genial que me resulta que Norwood enfundara a los cazadores en armaduras creadas con huesos de xenomorfos para protegerse del ácido molecular que tienen como sangre los mismos. Como dicen en la película: “Si sangra, podemos matarle”, y es ahí donde creo que Stradley y Norwood aciertan plenamente comprendiendo que aunque desmesuradamente fuerte y resistente, el Predator es un ser antropomórfico que nada podría sin sus armas frente a un xenomorfo. Después de todo, aún quedaba más de un año para que la criatura se levantara tan solo con un cabreo monumental después de recibir una docena de escopetazos en el cuerpo en Predator 2, y unos dieciséis años para ver a uno de estos cazadores aplastar el cráneo de un xenomorfo con el pie desnudo en toda una explosión de ácido, en la abominable y olvidable película Alien vs Predator 2. La visión de Stradley y Norwood me parece la más acertada para estas criaturas de todas las que he visto hasta la fecha.

Poco más que quiera añadir, es una obra que me parece magistral, tanto como crossover como cómic de acción o/y ciencia ficción... Lamentablemente es difícil de conseguir, estando (que yo conozca) la edición de cinco números (el primero en blanco y negro) de grapas, y el formato comic book dividido en capítulos, 8 capítulos a todo color, siendo el último un epílogo que no se incluyó en la versión de grapas.

Autor de la reseña:
Jesús Baenas Tormo

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